Ruta: Home MADURAR EL AMOR Vocación Artículos La familia militante cristiana, especial consagración - P. Luis Arguello

Es posible el cambio

B01 B01 B01 B02
JA slide show

La familia militante cristiana, especial consagración - P. Luis Arguello

E-mail Imprimir PDF

 

            Vamos a plantearnos la misión de la familia cristiana. En esta aportación es como una búsqueda, como querer sacar las últimas consecuencias del planteamiento. Fijaos que lo que a lo largo de estos días hemos tratado de ir acogiendo y lo que ello provoca en nosotros: provoca la alegría de la evidencia, la tensión de ver hasta que punto se produce un contraste entre aquello que se nos propone y lo que vivimos, provoca un deseo vivo, espero.

 

            Hemos reflexionado sobre el matrimonio y la familia cristiana desde la antropología adecuada, pensando la diferencia y tratantazo de sacar conclusiones de la diferencia que observamos contemplando, tomando conciencia de nuestro propio ser corporal y así hemos visto que el otro, el matrimonio-sacramento, la familia que engendra y acoge es un signo que remite al Misterio, es decir, al plan de Dios. Y  ese plan de Dios nosotros lo queremos acoger con un juramento de fidelidad. Recordad el sacramentum de los legionarios romanos. El  Misterio se que nos ofrece, que de alguna forma le recibimos como algo  no externo a nosotros, sino que le tocamos en nosotros. El mismo Misterio escondido por los siglos de los siglos en Dios resulta que aparece en nuestra propia corporalidad; que nuestra propia corporalidad remite al misterio escondido. Por eso el matrimonio-sacramento es signo del amor inmenso de Jesucristo-esposo a su esposa a favor del mundo. El sacramento del matrimonio, la familia son realidades históricas que tienen un origen en el principio hombre y mujer los creo, a imagen suya los creo, ser fecundos multiplicaos, llenad la Tierra y sometedla y que tiene un horizonte o destino; la plenitud del Cuerpo de Cristo, que todo tenga a  Cristo por cabeza.

 

            Primero, pues en la aproximación que hacemos esta maña de la familia militante y su especial consagración vamos a abrirnos a la llamada que el Señor nos hace de que todo aquello que vivimos no pierda su referencia al origen y al destino, más aún, que cualquier realidad humana en este mundo, adquiere un sentido máximo en la medida que expresa mejor el destino último. Por eso nos planteamos la especial consagración.

 

            Voy a soltar unos cuantos elementos porque estamos en una búsqueda y desde allí, podemos decir en primer lugar ¿qué significa en la Iglesia la llamada especial consagración, por que hay una consagración básica, común, que en realidad basta, pero que precisamente, en orden a nuestra propia debilidad y para que no perdamos la referencia del origen y destino, en el cierto eclesial hay algunos hermanos y hermanas que, desde la consagración común recibida en el Bautismo, que basta porque por el Bautismo somos consagrados, ungidos por el mismo Espíritu de Jesús, consagrados en la misma misión de Jesús, sumergidos en la misma muerte y resurrección de Jesús…que más vamos a poder decir, no se puede morir más que una vez. La consagración supone sumergirse en la muerte de Cristo.

 

            Pero en la andadura de este pueblo peregrino, en la medida en que vamos viviendo el compromiso bautismal, la consagración común en respectivos momentos históricos…en cada momento histórico el Espíritu del Señor regala a su Iglesia, agracia a su Iglesia con un carisma sobre el carisma, con una gracia sobre la gracia, en la que algunos hermanos, formando parte del pueblo santo, del común pueblo  de los bautizados, como que se adelantan a la peregrinación y son como los  exploradores cunando un pueblo va haciendo una senda y sobre todo cuando llegan momentos en los que no se sabe muy bien por donde caminar. Un grupo entre el pueblo se arriesga y sale adelante y hace como una exploración, un ensayo para que el pueblo santo venga y realice ese mismo camino. Por eso las experiencias de especial consagración en la Iglesia son experiencias que surgen, se desarrollan y desaparecen; es lo que habitualmente llamamos vida religiosa. No ha habido siempre las formas de vida religiosa que conocemos, ni seguirán existiendo (las actuales). Hoy mismo asistimos a una extraordinaria crisis de la llamada vida religiosa que está  suponiendo la desaparición de congregaciones. Y al mismo tiempo descubrimos el florecimiento de formas nuevas. Porque en realidad en la vida eclesial hay  dos sellos sacramentales: el de el Bautismo-Confirmación que es común, en el que todos estamos ungidos por el Espíritu del Señor y todos formamos parte del pueblo santo y todos estamos llamados desde ahí a la entrega total de nuestras existencias, todos recibimos el amor nuevo del Señor. Y luego hay otros dos sacramentos que dan forma a ese amor: el sacramento del matrimonio y el sacramento del orden. La vida religiosa, lo que llamamos vida religiosa o de especial consagración no tiene sello sacramental, sino que es algo que ya está en el Bautismo. Son carismas que están ahí, en el propio Bautismo. En función del paso adelante que está llamada a dar la Iglesia en cada momento de la historia, hay como determinados carismas que surgiendo del bautismo desarrollaran más, un aspecto, una dimensión para un tiempo, para una fermentación, para una germinación nueva (…)

 

            La especial consagración habla en la vida habitual de la Iglesia y conectándolo con lo que hemos venido comentando estos días, las formas que conocemos de especial consagración en la Iglesia hasta hoy dicen de la virginidad, dicen de esta manera de vivir el amor esponsal que llamamos la virginidad. Tendríamos que hacer un esfuerzo por profundizar en lo que la virginidad como vértice, podríamos decir, de la nupcialidad, de ese carácter esponsal que hemos estado viendo en el matrimonio. Tal vez os pueda sorprender, pero la virginidad es una vocación común, la dimensión virginal del amor es para todos. La dimensión virginal del amor forma parte de la condición esponsal. No olvidéis la clave de la unidad dual.

 

Por el bautismo todos nosotros hemos recibido la gracia que hace posible que podamos vivir la virginidad como dimensión de nuestro amor. En la unidad dual que formamos en el único Cuerpo de Cristo que es la Iglesia, la mayoría del pueblo santo asume la condición esponsal de su propio cuerpo cooperando con el Creador en que la vida  crezca, cooperando con el Creador en  la fecundidad, en la vivencia de la esponsalidad en el matrimonio con una vivencia de la sexualidad que supone el encuentro íntimo que hace posible la vida. Algunos hermanos asumen en su propia existencia, en su propio cuerpo la virginidad como modalidad de vivir el amor esponsal que hace visible en medio del mundo esa  forma de amor que nos ayuda a todos, también a los esposos, a no perder de vista el horizonte último de todo amor que es vivir el amor como Cristo lo vive. Es dirigir el amor a la vivencia de la familia humana, de la eterna fraternidad de alabanza.

 

La virginidad expresa esa manera de amar en la que la distancia que hemos de tener en la relación con el otro adquiere todo su significado, toda su dimensión. Estamos llamados a vivir el modo con  el que Cristo supo vivir toda relación humana. Un amor oblativo, gratuito, enteramente entregado, que corrige, que rompe con la tentación de que el otro sea para mi un instrumento. No se ama al otro mientras no se ama su destino, mientras no se le ama de tal manera que el amor que le tenemos haga posible que el otro viva su vocación enteramente, radicalmente. El tanto referido a los esposos entre sí, como referido a los hijos, no es la prolongación del yo. El tú es el misterio del otro que pide ser afirmado en virtud de su destino, de su vocación. Por eso somos permanentemente llamados en la mirada hacia la otra persona, en la relación con la otra persona a elevar esa mirada por encima de lo que siento; por encima de lo que deseo; por encima de lo que hago; por encima de aquel a quien digo sentir amor, hacer amor. Porque si no existe esa capacidad de elevar la mirada, no existe verdadero amor tal como tratamos de de interpretarlo entre nosotros porque el otro es siempre un signo que nos remite siempre a Otro más grande. En esa reciprocidad asimétrica en la que experimentamos esa diferencia, esa distancia…esa diferencia, esa distancia se convierte en un camino de verdadera plenitud si de verdad somos capaces de levar la mirada y de captar en el otro una vocación. Y en la mirada que hacemos al otro, en la medida que es un signo, descubrir también  nuestra vocación de ir más allá.

 

            La virginidad supone en aquellas personas que enteramente ofrecen sus existencia en el amor virgen el aprender esa manera de amor en la que se relaciona uno con el otro, se posee al otro en la distancia imitando la modalidad de amar con la cual Cristo vive todas sus relaciones. Ese amor en la distancia que renuncia a la posesión concreta, a la intimidad física concreta, abre en la entrega total que el amor esponsal virgen supone una manera de amar que subraya la fraternidad, la eternidad, lo que el otro tiene de misterio, de vocación, de destino.

 

El bautismo abre a todos la posibilidad  de este modo de relación, a esta modalidad de amor propia de Jesucristo. Estamos llamados todos los cristianos incluidos los esposos que han de aprender, así como las vírgenes y los consagrados en el amor a todos en la distancia sin llegar en lo que supone la intimidad, la posesión del uno y del otro pero que en esa distancia se subraya, se construye, se afirma, se expresa el nuevo parentesco, la vocación común de todos, la llamada que a todos se nos hace, el destino común de todos de una fraternidad de alabanza y dea aprender a mirarnos en la desnudez originaria, de aprender a que si el matrimonio es una realidad histórica y en la resurrección de la carne viviremos la comunión de los santos, desde nuestro ser hombres y mujeres, resucitados nuestros cuerpos pero con la mirada ya liberada definitivamente d la muerte, liberada de la posesividad que lleva consigo el encuentro que abre a la nueva vida. Estas existencias vírgenes colocadas al lado, caminando juntos con los matrimonios cristianos recuerdan a los propios matrimonios cristianos que también en su relación tienen que aprender a vivir la distancia.

 

Esa distancia que hemos llamado saber que el otro no es un espejo de mi, saber que el otro es un misterio permanente que tiene, también su llamada propia del Señor. Esa distancia Que en el campo concreto de la vida sexual  y de la expresión de las relaciones sexuales hemos llamado virtud de la castidad, ejercicios concretos de continencia. La virginidad consagrada permite dar testimonio de esta modalidad de amor propia de Jesús al pie de la letra dando testimonio de existencias que demuestran que vivir a Cristo resucitado es posible y es ya prenda de vida eterna. Es en este contexto en el que la virginidad consagrada, vivida con existencia en hombres y mujeres que consagran públicamente su virginidad o vivida como dimensión en el interior de matrimonio que recuerda a los esposos que recíprocamente son el uno para el otro signo de un amor más grande, de una vida más plena, de otro que definitivamente nos realiza, que recuerda a los esposos la vocación común de ambos en el servicio del Reino y la vocación específica de cada uno en el camino del servicio del Reino donde podemos plantearnos el siguiente paso que quiero dar.

 

            Como queremos plantearnos hoy la misión , la misión de la familia en el seno dela Iglesia madre, inmediatamente que nos planteamos la misión pueden surgir y de hecho surgen muchas preguntas que yo quiero resumir en dos: ¿cómo anunciar el Reino?, ¿cómo creer que ese Cristo del que habláis es Dios?, ¿cómo creer que Jesús es Dios?. Hay hombres y mujeres que escuchando hablar de Jesús, que viendo personas que testimonian el Evangelio de Jesús, que hablan de las cosas que Jesús dijo, dicen  a mi este Jesús me gusta, las cosas que Jesús dice están bien, los valores que surgen de lo que dice Jesús están bien, pero ¿cómo creer que  Cristo es Dios? ¿Cómo creemos que Cristo es Dios?

 

Pues bien, creemos que Cristo es Dios cuando hay milagros. Hacen falta milagros...milagros. Milagros que nos hagan decir; no solamente es una idea bonita, no solamente es un proyecto social, económico, político, cultural apasionante. No solamente es un personaje maravilloso. No solamente aquellos que viven el seguimiento de Jesús es buena gente. No solamente las cosas que hacen merecen la pena, sino que hay  un milagro. Porque Jesús a lo largo de su existencia cuando, en tres años realiza la primera evangelización dice palabras, realiza hechos y algunos de estos hechos son milagros. Son milagros no para que Jesús parezca el mago de los caminos, sino son milagros al servicio del anuncio del Reino. Son milagros que hacen que aquellos que están allí delante tengan en sus ojos, en su corazón, algunos en su propio cuerpo, en sus piernas que vuelven a caminar, en sus ojos que vuelven a ver, en su lengua que vuelve a expresarse, tengan la evidencia de que Dios ha pasado por allí.

 

Los milagros tienen como tres niveles. Hay dos niveles que son ambiguos y no acabamos de verles aunque son milagros. ¿Cuál es el primer nivel en el que aparecen milagros?. La creación. La creación, lo que está a nuestro alrededor, la vida lo real es un milagro. Cuando tocamos el hondón de la creación caemos en la cuenta de que es un milagro. La capacidad que hay en una sola hoja de un árbol de hacer reacciones  químicas, de darse encuentros entre diversos elementos de los que están distribuidos en la naturaleza, de producir intercambios...que decir por ejemplo de la maravillosa vida humana, del milagro que somos, del milagro de laceración. Cuando se tiene una mirada superficial, cuando la mirada sobre lo que pasa alrededor es plana no captamos el milagro de la creación. Pero la creación es un milagro que habla de su Autor.

 

Hay otro nivel delos milagros, es el milagro que experimentamos cada uno, que en estos  días de aproximación al milagro hemos llamado evidencia. Hay evidencias que nos hacen llorar. Hay evidencias que nos hacen vibrar. Hay evidencias en nosotros mismos. Esa evidencia que brota en mí, a través de la cual Dios quiere llamarme, cambiarme. Esta experiencia que tengo de que en un momento dado, hay como una experiencia en la que todo, con mis propios sentimientos, con mis propias tripas... Hay un suceso en mi vida que me obliga a pensaren Dios. Descubrimos los milagros en nuestra propia existencia. Cuando un acontecimiento que, incluso visto desde fuera, pudiera ser percibido como  un acontecimiento trágico, sin embargo no sabemos por qué lo que para el común, incluso para nosotros, en otro momento de nuestra vida fue un acontecimiento superficial, plano, provoca en nosotros la experiencia de que alguien pasa. La experiencia que nos hace abrirnos a Dios.

 

Y hay un tercer nivel de milagros. El testimonio de personas que rompen la lógica de las cosas. La experiencia que tenemos de ruptura del orden de la naturaleza. Cuando en Lourdes o en Fátima algún enfermo es curado, por decir un extremo de los extremos. Cuando una enfermedad incurable es sanada. Cuando una persona experimenta en sí o es testigo directo de que se rompe el orden de la naturaleza. Pues bien, cuando el Papa anima a vivir la virginidad; cuando el Papa anima a vivir la fidelidad de los esposos y la apertura de los esposos al Reino, incorporando en  su propia existencia la dimensión virginal, dice el Papa se está produciendo un milagro. Es más, en el tipo de mundo en el que vivimos, muchas veces no es percibido como milagro porque como dice ese extraordinario poeta que es Eliot, en un mundo de prófugos, la persona que toma la dirección contraria parece que huye, aunque son todos los que huyen... pero si se mira bien, si los prófugos caen en la cuenta de que huyen del mundo entonces verán el milagro de que huyendo todos de la catástrofe hay algunos que van hacia la catástrofe para ordenar el caos. Pero no os parece sorprendente, no experimentáis la sorpresa, los padres que tenéis muchos hijos de cómo sois mirados, pero ¿cómo tener cinco hijos en estos tiempos?...¿Eres virgen...¡ No me lo creo!..¡No me lo creo!. Si se tiene sencillez de corazón se descubre que es un milagro. ¡Milagros!, para evangelizar ¡Milagros!. Ayudara los hermanos a descubrir el milagro en la creación  y en ellos y ofrecer a los hermanos testimonios de milagros. El milagro de la obra común. El milagro de la gratuidad que precisamente porqué vivimos en un tiempo tan individualista tan nulo en la gratuidad y en la solidaridad, cuando aparecen expresiones de gratuidad y solidaridad se ofrece un milagro. No todos los milagros, incluso los milagros físicos, los milagros de las curaciones que la Iglesia reconocen no todo el mundo reconoce el milagro. Es más, el milagro por si solo no convierte. El milagro ayuda, abra la posibilidad. No todos los que vieron los milagros de Jesús le reconocieron como Señor. Pero los que le reconocieron como Señor, reconocieron el milagro y fue el reconocimiento del milagro el que les hizo decir: ¡Es el Señor!.

 

Pues en un momento de la Historia, de la Iglesia y del Mundo en el que el corazón de la crisis tiene que ver con el destrozo de la persona en su seno matriz que es la familia.... necesitamos....el mundo necesita.... la evangelización de la Iglesia que queremos hacer necesita de familias que parezcan un milagro. Necesita de la Iglesia, precisamente porque estamos llamados a evangelizar en familia de familias porque el destino de la humanidad, el futuro del hombre se fragua en la familia, como hemos dicho con Juan Pablo II, en la Iglesia necesitamos algunas familias que locas de amor, que colgadas solo del Cuerpo del Señor se aventuren a vivir existencias que parezcan un milagro, que se consagren especialmente a dar testimonio de familia de familias. Que se consagren  especialmente a la solidaridad con los pobres, para recordar a todos que ser familia cristiana es eso.

 

Benedicto XVI ha dicho (según ha dicho la prensa) esta semana en una tertulia con unas personas en el lugar de vacaciones, con un grupo de curas del valle de Aosta donde ha estado de vacaciones, unas manifestaciones que sorprendentemente han sido publicadas en el Observatore Romano con la autorización y el deseo del Papa. Me resultaban extraordinariamente sorprendentes y al mismo tiempo retadoras. El titular las grandes Iglesias se están hundiendo y luego al hablar de la crisis de fe, el Papa, en el resumen de prensa ponía en relación fe y matrimonio diciendo ¿cuál es el drama de nuestra Iglesia?, ¿en qué se expresa la gran crisis de nuestra Iglesia?....Que los matrimonios se celebran sin fe. Incluso añaden los del periódico que se habló en la tertulia de lo de las nulidades y como articular en la Iglesia que el casarse sin fe  sea motivo de invalidez del matrimonio a la hora de que si alguno de los cónyuges de aquel matrimonio se convierte, descubre la fe, aunque ya estuviera bautizado y quiere iniciar un matrimonio cristiano lo pueda hacer...Es una cosa seria... A lo que vamos es a la cuestión de la fe...Hermanos, somos creyentes y si se es creyente lo más importante en la mirada al otro es que la mirada al otro me llévela Señor. Si ser creyente es lo más importante en un matrimonio cristiano es que en el matrimonio cristiano cada uno de sus miembros sea fiel a lo que quiere de él y para ser amado cada uno en su destino.

 

Entonces, uniendo un poco la necesidad que siempre, en cada momento en la Iglesia se necesita de vivir una especial consagración desde la común consagración...claro en la teoría de los que es la especial consagración, valga la expresión como la especial consagración no está sellada con ningún sacramento especial, podríamos decir que en un principio puede haber formas de especial consagración desde la vida laical y desde la vida del ministerio ordenado. Actualmente en la Iglesia las formas de especial consagración que reconocemos son: sacerdotes que viven una especial consagración viviendo una regla, por eso los llamamos sacerdotes regulares y hombres y mujeres que viven una especial consagración desde la virginidad consagrada, en fraternidades, en congregaciones. No hay nada que impida en la teología de la Iglesia que hablemos de una especial consagración dentro de la vida laical, dentro de la vida bautismal, en el matrimonio. Matrimonios de especial consagración. Matrimonios que dicen nosotros, todos, toda nuestra vida, toda nuestra familia, todo lo que constituye,...todas las pequeñas cosas dinámicas de la existencia: el trabajo, la casa, los hijos, su educación... al servicio del Reino, enteramente sin ninguna reserva, sin distinguir vocación profesional y vocación apostólica. Todo en manos de los hermanos, dispuestos a ir de acá para allá a donde nos manden, a donde nos lleven o donde nos reclamen. Viviendo pobreza, castidad y obediencia que son consejos para todos pero que en la especial consagración, pobreza, castidad y obediencia se expresan de forma pública porque los consejos evangélicos son consejos para todos pero algunos hacen profesión pública para decirnos es posible vivirlo.

 

Pero, ¿cómo un matrimonio cristiano puede hacer profesión pública de pobreza?. Diciendo queremos vivir de la Providencia en la solidaridad de los hermanos. De obediencia,...en manos del común, para lo que nos digáis, en manos de su Iglesia, de su pastor,... ¡para lo que nos digáis!. De castidad, desarrollando, además de la castidad común, que sea cual sea nuestro estado de vida, todos estamos llamados, como un especial subrayado de la dimensión virginal en el interior del propio matrimonio, para concentrar todas las energías, incluidas las energías sexuales en una vida contemplativa más intensa, en una energía para la lucha, la solidaridad, la acogida de los hermanos, de los hijos de los otros, más decidida. Es una búsqueda. Es la impresión de una llamada. Es el deseo de , salvados incluso los propios contextos históricos en estos 50 años, como que e han desarrollado muy rápido, de leer la relación entre Caterina y Guillermo Rovirosa en unas claves de amor al otro en su destino.. Caterina descubre el destino providencial, carismático, de llamada vigorosa del Señor a la hora de ofrecer algo a su Iglesia en Guillermo Rovirosa.. Guillermo siguiendo en fidelidad la llamada del Señor y al mismo tiempo amando a Caterina en su destino, aceptan esa distancia dolorosa.. No es el ideal seguramente de lo que estamos planteando de distancia. Es una distancia que incluso se hace distancia física, pero su distancia física nos recuerda a todos en cada matrimonio cristiano la importancia de ese  poseerse en la distancia….en la habitualidad normal y querida por el Señor en el seno de los matrimonios en la Iglesia, una distancia, un silencio para hacer más expresivos los encuentros, para hacer más profundas las palabras, para hacer más expresivos los diálogos.

 

Cuando Guillermo Rovirosa habla de la importancia que pueden tener para la organización apostólica los  vinculados, leído no solo como personas que se vinculan, sino como matrimonios que se vinculan.

 

Son simplemente como elementos diversos…. Cuando Eugenio cuenta sobre Guillermo Rovirosa esa experiencia que viven Guillermo y caterina del  contrato con Dios, de haber tenido la vivencia íntima en su propio matrimonio de haber firmado un contrato con Dios…un contrato que de alguna  forma expresa todo es del Señor y para el Señor en los hermanos.

 

La actual situación de la familia en el mundo y en la Iglesia piden familias que se consagren, en diversas formas de expresar la consagración. Familias que se consagran sacando todo el brillo a la consagración común, que es el Bautismo, ahondando y ayudándose juntos, cayendo en la cuenta de que el matrimonio es la unión de dos bautizados, de dos conversos, de dos personas que quieren crecer hacia abajo, de dos personas que quieren ser cada día más pobres, de dos personas que quieren ayudar a sacrificarse, a ofrecerse, a inmolarse a favor de los pobres de la Tierra.

 

¿Cómo ayudarnos en esto?. Para ayudarnos el uno al otro, cómo aprender a amarnos en la distancia. Para aprender a amarnos el uno al otro, como poner en juego todas las dimensiones de nuestro ser, incluidas las sexuales que forman parte constitutiva, parte de lo que somos. Para ayudarnos el uno al otro, cómo abrirnos a la familia de familias, cómo entregar nuestras vidas, cómo ofrecer nuestra propia familia para que sea una familia puente de reconciliación que viva un ministerio de comunión. Una familia que ayude a la relación entre las familias.

 

Afortunadamente la vida de la Iglesia lo último que suele producir cuando se empiezan a hacer andaduras son reconocimientos públicos, son formas institucionales. Lo primero es la vida que va delante. La vida de hombres y mujeres que quieren ofrecer milagros. La vida de hombres y mujeres que quieren dejarse llevar por el espíritu del Señor. Luego la Iglesia reconoce y a veces sella y da una forma institucional. Porque si una pregunta es cómo creer que Cristo es Dios y decimos que reconociendo el milagro., ofreciendo milagros. ¿cómo vivir de la Providencia?...es un milagro. ¿Cómo aprender a vivir unas relaciones sexuales virginales?...es un milagro, una contradicción en los términos. ¿Cómo renunciar a un proyecto propio y vivir en la obediencia?. ¿cómo renunciar a eso de la autorrealización a la que todos parece que tenemos derecho?....y que situamos ahí nuestras propias experiencias de trabajo, a veces socapa de vocación profesional pero escondiendo un deseo de auto….   ¡Es un milagro!.

 

Y por eso, como es un milagro, no es una cuestión de puños. No valen para nada los puños aquí, sino de apertura al Señor y en la medida que uno detecta en su corazón como la llamada, pues bueno, caminar en la fidelidad a la respuesta.

 

            Pero la otra pregunta, ¿cómo anunciar el Reino? ….Siendo profetas, es decir, poniendo en medio de la plaza pública existencias que por sí mismas. Además de lo que digan y hagan, estén anunciando al mundo que otra forma de vivir es posible; estén anunciando al mundo la secreta vocación de todos. Estén en medio del mundo por su forma de ser, además de lo que dicen y hacen, denunciando la mentira, proponiendo la verdad, denunciando la injusticia, proponiendo la justicia. Existencias proféticas. Existencias que desde su forma de vivir y entender las relaciones con otros y de expresar las relaciones con otros en familia de familias, estén diciendo al mundo que es mentira que el individualismo sea la última palabra, es mentira que la acumulación de bienes aún a causa de otros sea la felicidad. Es mentira que pueda ser soportable o sostenible, como se dice ahora, un mundo en el que la alegría y el bienestar se pueda hacer con sangre en los zapatos. Es mentira…

 

Es verdad que somos llamados para la comunión-solidaridad. Es verdad que supone menos sacrificios de los que pide el mundo para vivir en la mentira, vivir en la verdad. Es verdad que lo que más nos humaniza, lo que más nos ayuda a expresar lo que verdaderamente somos es la cruz gloriosa de Nuestro Señor Jesucristo.

 

En un mundo de prófugos, las personas que toman la dirección contraria parecen que huyen, pero no….

 

Bueno son como elementos para una búsqueda que tiene que ver con los hablado estos días, poniendo un acento fuerte en que nuestra vivencia histórica solo se entiende mirando al principio y al horizonte final de nuestras vidas y que la Iglesia como sacramento, el matrimonio como sacramento, la familia como Iglesia doméstica son , en medio del mundo, un signo en la doble dimensión de milagro y profecía que ayuden a nuestros hermanos los hombres, no a mirarnos a nosotros sino a descubrir el misterio escondido, el plan de Dios que quiere que la  humanidad sea una familia de hermanos, que quiere que la Tierra sea el hogar de esa familia. Para eso nos ha llamado, para eso ha realizado el milagro de que hayamos conocido, no fuera, sino en nosotros mismos su existencia y que el haber conocido al Señor nos ha cambiado la vida. Para ello ha permitido que nosotros contempláramos milagros a nuestro alrededor en el testimonio de hermanos cuyo testimonio nos remitió a Dios. Y a eso nos llama, a que seamos un milagro, no por nuestras fuerzas,… que no…, entonces no hay milagro, entonces hay la tarea de un héroe. No estamos llamados a algo heroico, sino a que estamos llamados a una transparencia y la transparencia es mayor cuanto más adelgazamos, cuanto más desaparecemos.

 

 

AddThis Social Bookmark Button
 

| Quiénes somos |Mapa del sitio |Recomiéndanos | Quiero Colaborar |Contáctanos |Boletín |