La asertividad es un estilo de comunicación maduro en el cual la persona no se somete de forma irracional y sumisa a la voluntad de otras, sino que manifiesta -de una manera respetuosa- sus creencias y convicciones. La persona asertiva defiende sus derechos y su dignidad sin irrespetar el derecho de demás, y se compromete a dar lo mejor de sí misma para que la dignidad de todo ser humano sea respetado y valorado. Compromete todo su ser, también todo su cuerpo, en este proceso de búsqueda de dignidad para todos los hombres, en especial de los más indefensos y es ahí donde descubre el valor de su propio ser, y de ese descubrimiento nace la asertividad, la autoestima, la paz y la felicidad.
No hay que confundir el ser asertivo con ser agresivo. La comunicación agresiva es destructiva. En cambio, la asertividad ayuda a mejorar las relaciones con los demás y aumenta la autoestima y la confianza en uno mismo. Para poder incrementar la capacidad de ser asertivo es necesario:
- Mejorar la autoestima.
- Saber escuchar.
- Tomar el riesgo de decir lo que piensas.
- Aprender a decir "no".
- Responder de una manera positiva.
- Saber manejar la crítica.
- Aprender a expresar y recibir respuestas positivas.
- Saber qué es lo que quieres.
- Comprometerte a dar los mejor de ti mismo a los más necesitados, convirtiendo las aparentes limitaciones de tu ser en fuente de vida, aliento y esperanza a los demás. La vida de comunión y solidaridad es la fuente más hermosa y viva de la asertividad.
La asertividad es esencial para todas las facetas de tu vida. Esta habilidad te ayuda a expresar no solamente tus pensamientos y creencias, sino también tus sentimientos. Debes aprender a hacer valer tus derechos y a vivir de forma comprometida tus obligaciones como persona, que no son otras que vivir la verdad, la belleza y la bondad que hay en lo profundo de tu corazón. Cuando asumes una imagen falsa, no eres asertivo, sino "sumiso" a los caprichos de los demás.


